Cada madrugada me sorprende peinando las nubes, domesticando lo efímero y lo eterno… mis propios molinos de viento.
No soy eterno… vale la pena sentir… besar sin culpas.
Algunas madrugadas desafían mi sosiego, me habita la duda, ruge la urgencia de lo irrepetible… la certeza punzante.
Ninguna madrugada se me escurre entre los dedos, no quedan adioses en mi pecho, no quedan hombres o misterios.
Perdono con vehemencia cada pensamiento ingrato, sin adornos o quimeras, sin alientos o arrebato.
Andy Rumbaut
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